Miciu, Georg (Contemporáneo)

Nacido en Bludenz, Austria, en 1946. Tras la guerra, los Miciu viajan a la Argentina en 1949. Bajo la tutela de su padre, luego de abandonar sus estudios de música en 1964, comienza su práctica de pintura al aire libre en el Parque Pereyra Iraola. De su padre, Konstantino, diplomado en Bellas Artes en Viena, hereda la sencillez y la fuerza de los impresionistas rusos. Su hijo Emaús se unirá a la misma aventura. Tres generaciones en las artes plásticas.

Hoy no es fácil encontrar ejemplos de esta saludable continuidad artística. Tradiciones familiares más firmes que las de nuestros días y una educación afianzada en los terrenos del arte posibilitaban antes el pasaje del conocimiento de generación en generación.

Georg se nutre de la naturaleza y la cultura americanas en sus travesías por la Argentina y países limítrofes. Viaja también a USA, Canadá, México y Europa. Expone en Argentina, Jerusalén, París, Stuttgart, Madrid, Barcelona, Valencia, Linares, La Coruña, Jerez, Cádiz y Granada.

En cuanto a la técnica, prefiere la síntesis, la sugerencia. Y la espátula será la herramienta con la que, de manera idónea y progresiva, se irá liberando de las formas superfluas, dando fuerza a las protagónicas.

Finalmente, elige como refugio de su pintura a la Argentina: San Martín de los Andes, Neuquen,"su lugar", como él lo llama.

 

El uso de la espátula no es sólo una variante técnica del óleo: con ella, Georg consigue unos resultados insospechados de color, imposibles de obtener con el pincel. Vean cómo quedan divididos los contornos rígidos, cómo son sugeridas las más infinitas posibilidades de efecto. Las cerdas del pincel mezclan los colores y también producen múltiples surcos que, al romper la refracción de la luz, reducen los valores. La hoja de acero flexible de la espátula de Georg deja superficies lisas que manifiestan al máximo la luminosidad y expresan calidad plástica, maravillosos efectos de color. El apasionante encanto de esta técnica produce resultados accidentales e imprevisibles que Georg sabe aprovechar: bordes donde reverbera la luz, amplia gama de tintas y matices, porque la cualidad del color, el verdadero tinte, no queda destruido.

 

Georg es colorista porque establece la estructura y la profundidad en el plano mediante los colores. Utiliza espontaneidad y rapidez resolutiva para crear un impacto de color potentísimo, de cualidad alegre y fogosa exaltación. Los toques superponen o yuxtaponen los colores, y estos centellean, actúan sobre la retina del espectador con la intensidad con que brillan los colores-luz. La vida y la excitación son provocadas por la mezcla óptica que genera en los sentidos la resonancia de una sinfonía de luz. Los colores yuxtapuestos, vistos a la distancia, producen un nuevo color, más luminoso y de una especial cualidad, que nunca será posible obtener al fusionar, íntima y materialmente, dos o más colores. Dentro del ojo se manifiesta una especial y misteriosa vibración que magnifica cada uno de ellos y los hace intervenir como notas brillantes en la orquestación del conjunto. Vean la síntesis, la sugerencia, la expresividad. Nuestro ojo hace el resto: la mosca vuela en la punta de la línea; el agua se mueve. Georg ha pintado la concentración que requiere la pesca con mosca. ¿Qué forma y qué color tiene la concentración?

 

Georg es pintor de certezas veloces que expresa vigorosamente a través de una materia cargada y brillante, casi escultórica, aplicada con su gran espátula.

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